Crítica
DIARIO
DE NOTICIAS
PAMPLONA / CULTURA
V FESTIVAL Intenacional de Títeres
del Teatro Gayarre
Cenicienta
Pedro Zabalza
Compañía: Gus Marionetas
Dirección: Emmanuel Márquez
Manejadores-Interprétes: Susana Pellicer,
Fernando Arregui
Lugar y fecha: Teatro Gayarre, 6/ 12 / 02
Público: rozando el lleno
Después del excelente resultado obtenido
con El traje nuevo del emperador, la compañía
navarra Gus Marionetas estrena en el festival de títeres
del Gayarre su nuevo espectáculo, Cenicienta. Tras
escenificar una de las más maliciosas historias encuadradas
en la reduccionista categoría de cuentos infantiles,
el grupo de Susana Pellicer Y Fernando Arregui escoge ahora
el cuento de hadas por excelencia. Es de suponer que no hay
ninguna intencionalidad oculta en la elección, salvo
la natural de encontrar un texto atractivo para los niños,
y sin embargo, a uno no deja de llamarle la atención
el contraste entre una historia que premiaba el engaño
y otra que recompensa la humildad y la abnegación:
el ingenio contra la ingenuidad. De la consideración
de la realeza en una y otra, mejor ni hablamos, no vayamos
a ser malinterpretados.
La versión de Gus Marionetas permanece más o
menos fiel al espíritu de la historia recopilada por
Charles Perrault y los hermanos Grimm ( y popularizada por
Disney, cómo no). La compañía adapta
hábilmente la narración a sus necesidades y
posibilidades, de modo que un relato con bailes imperiales
y transformaciones mágicas pueda efectuarse sólo
con dos manejadores sin lagunas narrativas ni mermas de interés.
Muy al contrario, los miembros de de Gus exhiben una manipulación
de muy alto nivel técnico, además de un gusto
por el detalle que proporciona a cada escena un interés
añadido. Alternan el bunraku con los títeres
de varilla a lo largo de toda la obra, con una breve incursión
final de guante.
Hay una transformación de los espacios empleados con
una y otra técnica, cuya transición se resuelve
con eficacia, así como la del resto de los decorados.
Pero, por encima de cuestiones técnicas, Cenicienta
agrada por el sentido del humor empleado a lo largo de la
función, tanto visual como desde un punto de vista
más textual , por ejemplo con la introducción
de bien traídas referencias a otros clásicos
infantiles. Un modesto y divertido ejemplo de intertextualidad.
Lo que seguimos sin saber es por qué el hada madrina
no puede alargar su encantamiento más allá de
las doce de la noche: un hechizo más restrictivo que
el decreto municipal sobre el horario de cierre de los bares.
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